Más vale tarde que nunca

"...más vale tarde que nunca fué creado por sí en algún momento se me ocurriese alguna cosa que decir, o alguna foto que colgar, o alguna cosa que se le haya ocurrido a otro y merezca la pena copiar ..."

martes, 8 de enero de 2013

Tarjetas de Navidad

Cada año que pasa recibo menos tarjetas de navidad. Creo recordar que el año pasado, fueron una o ninguna.
Las que recibía en casa, las colocaba sobre la repisa de la chimenea o las colgaba en árbol, si merecían dicha distinción. Las que recibíamos en la oficina, las poníamos en la librería que hay bajo los ventanales y cada compañero ponía las suyas, a modo de trofeos,  y presumíamos de cuántas habíamos recibido cada uno.

El papel se ha ido sustituyendo por los correos electrónicos, y no es lo mismo poner los trofeos bajo la ventana que dejarlos en el Inbox de nuestro correo electrónico.

Por eso, este año los voy a almacenar en este Blog. ¿A ver qué pasa?


Felicitación recibida de la Agencia de Publicidad Quirós



Estimado amigo:
Una vez más te deseo una muy Feliz Navidad y venturoso 2013. Este nuevo aniversario del nacimiento del niño Jesús nos inspira a afrontar la realidad de las cosas bajo una perspectiva optimista e ilusionada, dispuestos siempre a dar lo mejor que tenemos. Por eso miramos con confianza el futuro y creemos que en estos días podemos reflexionar mejor sobre nuestra contribución concreta en aquello que podemos hacer.
Un fuerte abrazo.


Felicitación recibida de José Antonio Planes, Maribel Sánchez del Grupo Inforges



Felicitación recibida de Consuelo Dominguez de Advantic



Felicitación recibida de Iberia+



Felicitación recibida de Blas Moreno y +Luis Aliaga de GEINSA



Felicitación recibida de Argentis



les desea felices fiestas
y un próspero 2013


Felicitación recibida de Reyes Palomares de SERESCO




SCL Consulting te desea Feliz Navidad


Felicitación recibida de Carlos León, Antonio Ramos de SCL


Felicitación Recibida de Antonio Civantos y Enrique Andrés de ASI Soluciones


Felicitación recibida de Bankinter



Felicitación recibida de Iñigo Arrieta de Tecnocom


Felicitación recibida de Montse Rodríguez y Felipe Pastor de ECINSA





Felicitación recibida de 11870.com





Felicitación recibida de Fernando Valderrey, Santi Comas, Elena García de Seidor


Felicitación recibida de Grupoland


Felicitación recibida de Rafael Camacho de Grupo Trevenque



Felicitación recibida de Javier Altares, Carlos de Pedro de Stratesys 


Felicitación recibida del Grupo Arelance


Felicitación recibida de Solium


Felicitación recibida de Jazztel


Felicitación recibida de Antonio García de SOFTGASA



Felicitación recibida de Cérar Castresana de AMIO



Felicitación recibida de Hugo Amman de ARIN


Felicitación Recibida de Joan Camats de Costaisa




Felicitación recibida de Optize.es


Felicitación recibida de Juan Sánchez de Expert One


Felicitación recibida de Jaime López

















Los Tres Reyes Magos


Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papá?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido.
- Es que... -titubeó Blanca
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.
- Entonces no lo entiendo, papá.
- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
- Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. ¡Pero sería tan bonito...!
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.